Día Mundial del Turismo 2023

Corporativo 27/09/2023
None
Hoy, 27 de septiembre, es el Día Mundial del Turismo. Una fecha que, por la actividad que desarrollamos actualmente, pero también por el bagaje que arrastramos, nos toca muy de cerca. Este año, la temática supone toda una declaración de intenciones: Turismo e inversiones verdes. Sostenibilidad, en definitiva, o lo que la gran mayoría entendemos por este concepto.

La RAE no se ha roto precisamente la cabeza al referirse a la sostenibilidad como la “cualidad de sostenible”. Sin embargo, otra de sus acepciones nos gusta mucho más y representa muy bien, en nuestra humilde opinión, la magnitud del término: característica del desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones.

Como veis, esto vale para todo. Y en nuestro campo, constituye una forma de proceder que se puede aplicar a los más diversos ámbitos. Desde lo evidente, como pudiera ser el esfuerzo por emplear, en la medida de lo posible, las llamadas energías limpias, por hacer un uso responsable de recursos, valiosos y escasos a partes iguales, como el agua, o por reducir nuestra huella de carbono, hasta cuestiones, quizás, no tan asociadas en el imaginario colectivo a la sostenibilidad, como el cuidado, la protección y la motivación de los trabajadores del sector y, por encima de todo, la imperante necesidad de fomentar una mayor colaboración entre los entes público y privado para la confección de un modelo turístico que contribuya, a través de la promoción de los destinos (de sus servicios, de su gastronomía, de su cultura, de su naturaleza, de su tejido empresarial, etc.), a su desestacionalización, y por ende, a favorecer la preservación y desarrollo de sus encantos, y una convivencia en armonía entre su población local y quienes deciden visitarlos.

Ninguno de nosotros vamos a cambiar el mundo (un argumento facilón), pero podemos contribuir a hacerlo (otra frase muy trillada). Bien obligados, o por convicción, ese es el camino a seguir. La hoja de ruta que debemos marcarnos. Podemos creernos el cambio climático. Podemos acogernos a las teorías de las conspiraciones y negar su existencia o, al menos, el impacto real de nuestras acciones sobre su devenir. Poco importa. Porque la realidad es que, más allá de los ecologistas convencidos y de los vehementes negacionistas, todos estos pasos son buenos para el lugar en el que vivimos (no hablamos de la tierra como planeta, que también, sino de nuestro país, de nuestra ciudad, de nuestro municipio) y para la actividad profesional que hemos escogido: la hospitalidad. Es muy hospitalario asegurar las necesidades de nuestro presente, sin comprometer las de las futuras generaciones. ¿O no?

Además, resulta que el viajero de nuestro tiempo se ha manifestado y tenemos la obligación de escuchar (si no por convicción, hagámoslo porque hay mucho en juego). Grandes corporaciones ofrecen la posibilidad en sus plataformas digitales de dejar constancia de nuestras acciones en este sentido (no es casual que hayan trabajado para darles la visibilidad que merecen), y sabemos a ciencia cierta que el turista las valora cada vez más, y que está dispuesto a invertir más en sus escapadas, vacaciones o viajes de negocio, cuando es conocedor de su pequeña contribución (y consecuente lavado de conciencia). Un pacto no escrito con el que todos ganan. El greenwashing no es, lógicamente, el modelo ideal, pero todo suma, por qué negarlo. Y si sirve de pretexto para que unos y otros se pongan las pilas (o las baterías solares), lo damos por bueno.

En fin… Compartir con todos/as vosotros/as esta breve reflexión no es más que una excusa para desearos un feliz Día del Turismo.
Compartir: